Nuestro punto de partida
Inevitablemente a lo largo de nuestras vidas, muchos de nosotros enfrentaremos múltiples situaciones y vivencias adversas, estresantes y/o traumáticas, algunas con un gran potencial de dañarnos en lo más profundo de nuestro ser. Lamentablemente, de presentarse un gran número de éstas en los primeros años de vida, el desarrollo sano, feliz e integral esperado se ve interferido.
Al respecto, en las últimas décadas ha surgido numerosa evidencia científica que pone de manifiesto la relación entre la exposición y vivencia de dicho tipo de experiencias en etapas tempranas de la vida (denominadas teóricamente como “experiencias adversas en la infancia” o ACES siguiendo su sigla en inglés), con una deteriorada salud física y mental en la adultez.
Desde dichos estudios se sabe que las experiencias adversas en la infancia no sólo tienen un impacto inmediato en múltiples esferas de la vida y trayectorias de desarrollo, sino que también conllevan un efecto acumulativo que correlaciona positivamente con adultos que manifiestan una salud física, mental y bienestar general deficientes. Así, a mayor cantidad de experiencias adversas en la infancia, mayor probabilidad de repercusiones y manifestaciones negativas en distintos ámbitos de la vida en la adultez.
Algo que se ha destacado en estudios más recientes, es que las experiencias de desigualdad social pueden resultar igualmente traumáticas y desencadenar respuestas de estrés tóxico muy dañinas para el organismo. Los ejemplos incluyen vivir en pobreza, la exclusión social, no poder acceder a servicios básicos o verse vulnerados en derechos fundamentales en la infancia, así como también el padecer una enfermedad crónica o amenazante para la vida, ampliando aún más el listado de experiencias adversas en la infancia y adolescencia descritas en las primeras investigaciones.
Afortunadamente, existe también evidencia que da cuenta que vivir o participar en experiencias positivas orientadas a sopesar, acompañar o resignificar el impacto de vivencias adversas, constituye una gran fuente de resiliencia tanto en la misma infancia como en la adultez.
La resiliencia en términos generales se define como la capacidad de enfrentar y superar las adversidades, saliendo fortalecidos de ellas, y su marco conceptual entrega orientaciones concretas para su promoción en la infancia.
Tomando como punto de partida el contexto descrito, nuestra Fundación apunta a impulsar experiencias positivas para la infancia promotoras de resiliencia en diversos ámbitos que procuren la consideración de dichas recomendaciones, focalizándonos en:
– Generar vínculos seguros con tutores de resiliencia,
– la creación de relatos y significados en torno a lo vivenciado,
– al fortalecimiento de recursos tanto personales como sociales,
– la humanización en el trato y en el cuidado.
– Potenciar un desarrollo y bienestar integral óptimo.
La humanización en el trato y en el cuidado
Potenciar un desarrollo integral óptimo
Generar vínculos seguros con tutores de resiliencia
La creación de relatos y significados en torno a lo vivenciado
Al fortalecimiento de recursos tanto personales como sociales
Contacto
Constanza Baeza.
Directora Ejecutiva Psicóloga y Arte Terapeuta.
cbaeza@fundacioncreandoexperiencias.cl
